Ahora resulta que la gente se
enamora por Instagram. Cuando me lo han contado me he sentido muy mayor, no
mayor en plan me ha salido mi primera cana, sino mayor tipo madre escribiendo
por Whatsapp (escribiendo…, en línea,
escribiendo…, en línea, escribiendo…, en línea, escribiendo… ok). De pronto me han caído
encima 40 años y lo peor es que la pareja que se ha enamorado de esta forma es
solo dos años menor que yo.
Reconozco que me han tenido que
explicar cómo dos personas llegan a estar totalmente in love a través de una red social en la que subes fotos. Me lo han
tenido que explicar porque mi cerebro no da para sacarlo por sí solo. Parece que
la cosa se basa en que él le dé a “me gusta” a las fotos de ella, y ella a las
de él. De ahí al amor hay solo un paso.
No seré yo quien dude de que se
trata de amor y no de sexo pero ahora la gente se enamora muy rápido y de
cualquier manera, se están perdiendo las buenas costumbres; esas de quedar,
hablar durante horas, ponerse nervioso al quedar que aunque idílicas también
son bonitas. Se están perdiendo porque en dos días y tres fotos no te da tiempo
a nada de esto. Si casi tardas más en seleccionar el filtro que en sentir.
Además, con esta nueva forma de
enamorarse si le das a “me gusta” a las fotos de otra persona ¿estás siendo
infiel a tu pareja? o depende del tipo de foto, es decir, si es de una chica en
bikini se pueden considerar cuernos pero si es de un paisaje no. No lo sé. No sé
cómo funciona esto. Ya me ha pillado mayor.
Yo estoy enamorada de Instagram, del postureo que supone. Haces una foto previo estudio de ángulo – y todo lo
que supone, subo el móvil, bajo el móvil, me tiro al suelo, me subo yo a la
mesa, a la de los de al lado, a un árbol, me pongo en medio de la calle parando
el tráfico… -, iluminación, asesinato de señores con camisas feas que estropean la foto, amputación del brazo de
tu amiga que no te cuadra; eliges filtro (benditos filtros en noches de fiesta)
y demás cosas que puedes ajustar ahora; buscas el título adecuado; compartes
la foto; y así sin más, con un sencillo acto que te lleva más tiempo que
tomarte el café protagonista de la foto tu vida parece mucho más interesante. Ese
café triste porque tu amiga llega tarde se convierte en “una tarde de relax en
la que descubrir rincones maravillosos de la ciudad”.
Enamórate de la foto, del lugar
que será más feo de lo que aparenta, no de la persona que se hace fotos en el
baño. Si eres un soltero exigente ya
tienes muchos otros medios para encontrar pareja – con cinco minutos de
televisión ya ves todas las opciones -.
No es esperarla los domingos en la puerta de la iglesia y acompañarla a casa después de haberle pedido permiso
a su padre, pero tampoco empezar una relación por tres like en unas fotos. Tenemos que irnos siempre a los extremos, no
sabemos buscar el término medio y aunque evolucionar en las relaciones hacerlo
de una forma normal.
Enamorémonos, pero con cabeza. Si es que eso es posible.



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