lunes, 8 de febrero de 2016

*Café


Hay lunes que son mucho más difíciles de superar y tu cerebro solo es capaz de procesar un sentimiento…

7:15 am


*¡CAFÉ!

8:30 am


*Quiero café. Joder mi parada. Coño que frío.

9:02 am


-  Buenos días ¿qué tal el fin de semana?
-  Bien, muy bien.

*Café ¿Cuál era mi contraseña?

9:59 am


-  A las 14:00 tenemos reunión.
Vale.

*¡CAFÉ! ¿Habrá café? Claro que sí, como en todas las reuniones, no te digo. Nunca hay café, pero si hay cafetera. Lo mismo me puedo preparar un café sin que se den cuenta. ¿Sé utilizar esa máquina? No. De aquí a las 14:00 ya habré superado la etapa de sueño. Ingenua. Necesito café. Encima salgo tarde.

10:48 am


*Café. Dios que sueño. Qué despacio pasa el tiempo. Café. Ayer fue la Super Bowl, son las 11 de la mañana y aún no he leído nada. Café.

11:17 am


- ¿Bajamos a tomar algo?
*¿Han dicho que bajamos? ¡CAFÉ! ¡Necesito café!

13:06 pm


*¿Acabo de quedarme dormida frente al ordenador con los ojos abiertos? ¡CAFÉ!

15:11 pm


*¿Cuántos cafés llevo ya? He perdido la cuenta. ¿Me he vuelto a quedar dormida con los ojos abiertos? Tengo hambre. Me suenan las tripas. Tengo sueño. Bueno si me paso la parada son solo dos más hasta final de línea. Tengo muchas cosas que hacer este tarde. ¿Me da tiempo a dormir la siesta? Aunque sean 10 minutos. Mejor me tomo un café después de comer. ¿Y si esta noche no duermo? ¡Ay! ya verás tú mañana. Joder mi parada. 


lunes, 30 de noviembre de 2015

Lo dice mi horóscopo


Estaba aburrida en la oficina, perdón, estaba haciendo un descanso intentando evadirme del caos del trabajo aunque solo fuera los 5 minutos que me iba a durar el café (que en la oficina, uno nunca se aburre, siempre es eficiente) cuando di a parar con un artículo de las 10 parejas de Hollywood con menos química en pantalla.

El artículo no me ofrecía nada especial, el nombre de los actores, la película y ya, ni una anécdota tipo Ryan Gosling en el Diario de Noa pidiendo que cambiaran a la protagonista porque él con Rachel McAdams no trabajaba, aunque luego estuvieran saliendo un par de años, cómo es el amor y las promociones de las películas; alguna declaración envenenada de los protagonistas, el ‘es un guarro, no se lava’ ya es un clásico;  o algún comentario jocoso, hiriente, cargado de maldad que siempre te alegran la mañana. Pero nada. No había nada, así que rápidamente localicé el horóscopo en el lado derecho de la pantalla.

Aries: A partir del día 01 de diciembre tendrás vía libre para afrontar cualquier problema que pueda surgir en tu vida sentimental, tendrás claro lo que deseas y podrás elegir lo que te convenga.

Y me vine arriba.

Podría decir que nunca leo el horóscopo pero sería mentira, porque si lo leo, no a diario, ni una vez a la semana, pero si a veces, sin razón alguna, a principios de año para ver cómo me va ir, un miércoles que me aburro especialmente o ese viernes que tienes que matar los 10 minutos que te quedan para salir de la oficina.

E incluso a veces, cuando estoy teniendo un mal día y necesito leer y creerme que algo me va ir bien. Porque hay días que no los levanta ni toda la tarta del mundo, porque desde que te levantas va todo tan mal que ni que te pillen todos los semáforos en verde de la Castellana te arranca una sonrisa. En esos días en los que ni el anuncio de Nadal para Tommy Hilfiger y de Quim Gutiérrez para Massimo Dutti, hacen que la vida parezca mejor, necesitas leer que el amor de tu vida va a llamar a tu puerta con un contrato para el trabajo de tus sueños y dos billetes para Nueva York.


Porque a veces te quieres creer lo que dice tu horóscopo. Que Júpiter te manda su fuerza, que los astros están de tu lado, o que esa semana tu color es el verde, aunque no sepas que significa que Júpiter te manda su fuerza, te den igual los astros y el verde sea el color del moho.

Sabes que quien escribe eso no es un experto en lo que sea que estudia eso, que junta frases de manera aleatoria y las coloca según toca, que si te va a ir mal en el amor y en la salud en el trabajo te van a ascender, y si tienes problemas en la oficina aparecerá el amor de tu vida al subirte al metro, pero te da igual.

Quieres creértelo y sobre todo a veces necesitas creértelo. Así que comparas horóscopos para contrastar la información (en la carrera te enseñaron que como mínimo necesitas contrastar la información con 3 fuentes, y tu lo sigues a pies juntillas, a veces), terminas de creértelo y muy segura de ti misma dices algo como: “me da igual, hoy lo tengo todo a favor porque estoy bajo la influencia de Mercurio”, aunque este lloviendo y tengas el paraguas en casa, te haya tocado correr para coger el autobús y te hayas quemado la lengua con el café. Y si alguien te llama loca siempre podrás decir ‘lo he leído’, o acaso esa frase no lo convierte todo en verdad. Por todos es sabido que ver o escuchar algo no implica nada, pero leerlo lo convierto en cierto al 100% inmediatamente.  

Vamos, que yo estoy deseando que se acabe el día y empiece ya diciembre para solucionar esta vida que tengo. Lo dice mi horóscopo, lo he leído, así que… ¿qué puede fallar? 

jueves, 23 de abril de 2015

La música del ascensor


Los gatos tienen 32 músculos en cada oreja,  los elefantes son los únicos mamíferos que no pueden saltar y un tercio del helado vendido en el mundo es de vainilla. No he decidido presentarme a Saber y Ganar, pero los ascensores de mi casa tienen televisión y quieras o no de tanto leerlo se te va quedando.

Si, si, tienen televisión, no del tipo de las casas donde puedes ver Sálvame, el Telediario o el Peliculón de Antena 3, es más bien televisión tipo la del metro, con sus titulares, información del tiempo, datos curiosos, una sección de efemérides y por supuesto hilo musical, no puede faltar el hilo musical con esas canciones tan maravillosas, tan de ascensor (de vez en cuando aparece la lista de reproducción, que lo mismo queremos descargarnosla para escucharla en casa, o algo).

El caso es que tenemos pantallas en los ascensores y seguimos hablando del tiempo. Está claro que por mucho que evolucione la raza humana siempre será superior a nosotros no tratar el tema del tiempo.

Quiero decir, el calor, la lluvia, el frío, son temas super emocionantes, tan emocionantes que se tratan poco en la vida en general. Tiene una sección en el telediario, una aplicación en el móvil donde incluso puedes poner que te diga el tiempo de Madrid y de Nueva York –no vaya a ser que de repente decidas coger tu jet privado e ir a pasar el día a la Gran Manzana, se ponga a llover y tu con las Hunter en casa– y es el tema por excelencia en los ascensores de un máximo de 6 personas, pero se trata poco.

Esto solo pasa en los ascensores pequeños. En los de dos a seis personas te ves obligado a entablar una conversación con el señor que tienes al lado y lo mismo ni le conoces ni le vuelves a ver en tu vida, pero hay una fuerza superior que te hace decir: ‘parece que ya vuelve el calor’. ¿Qué más da que vuelva?, el señor no te va a comprar una sombrilla, ni tu a él crema de factor 50 para que no se queme la calva. En los ascensores grandes, como los de las oficinas, los centros comerciales o los del metro nadie habla (en los del metro no es por el tamaño, sino porque siempre huele a meao, que no a pis, a meao, y la gente intenta no morir en el eterno trayecto que hay entre el piso que separa el metro de la calle).

La finalidad de los ascensores es llevarnos de un piso a otro no buscarle respuesta a las grandes preguntas de la humanidad ni analizar El Quijote, bueno y en las comunidades de vecinos preguntar quien es el presidente para poder ir a quejarte, pero ya está.

Veo mucho mejor dejar el frío, calor o la lluvia a un lado y ceñirse a terminar de arreglarse en el espejo del ascensor (se dice poco, pero tienen los mejores espejos del mundo), maldecir al que antes de salir se tira un pedo, mirar mal al que tienes al lado para que se sienta culpable e intente explicar que ha sido el que acaba de salir el del pedo, o fantasear con que se pare el ascensor y te quedes encerrada con el chico guapísimo que acaba de subir.


No me gustan los ascensores, pero claro, me gustan menos las escaleras y los ocho pisos que tendría que subir y bajar todos los días, y oye quieras que no voy aprendiendo cosas para romper los silencios incómodos, ¿o es por todos sabido que las gotas de lluvia caen a 27 km/h?

miércoles, 3 de diciembre de 2014




  • ¿Podemos salir por favor de esa burbuja?
  • Que no, que estoy bien, ya estoy fuera.

Mentira. Lo sabes, pero no lo quieres reconocer. No estas fuera de esa burbuja porque al entrar en el ascensor reconoces su colonia. Alguno de tus vecinos no solo ha decidido ponerse la misma colonia que él, sino utilizar el ascensor antes que tú y claro, no necesitas ni dos pisos para sacar el móvil y pensar en escribirle. Porque piensas en escribirle con el móvil en la mano y abriendo y cerrando su conversación.

Fuiste tú quien terminó la última conversación así que no le escribes, que sea él si quiere algo. Está en línea. Lo mismo ve que yo también estoy conectada y me escribe. Claro, seguro que está pensando eso exactamente. Mejor cierro Whatsapp. ¿Y esa foto horrorosa que se ha puesto de perfil? ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy pensando todo esto? Voy a buscar una película de muerte y destrucción y así dejar de pensar en el amor, bueno o en lo que sea esto.

lunes, 20 de octubre de 2014

'No es personal, simplemente ya no me interesas'


Qué difícil es romper con alguien. No me refiero a esa conversación con la que pones fin a una relación, sino a todo lo que viene después.

Cuando empezaste con esa persona todo era bonito, le agregas rápidamente a Twitter, Facebook, Instagram, Tuenti en su época, toda red social es poca para estar unido a esa persona. Cada cosa que hacéis juntos la publicas, subes fotos a todas horas y las acompañas de frases que hacen referencia a la eternidad. Te convences a ti mismo que ya has madurado, que has aprendido de todas tus relaciones pasadas y que los errores que cometiste en su día no volverán a suceder.

A quién queremos engañar, por mucho que digamos ahora sí va a funcionar, que no hasta la muerte pero si por muchos años, el hechizo se vuelve a romper, el mundo deja de ser rosa y como en las películas de Disney aparecen las canciones lentas, días grises, la lluvia y hasta rayos y truenos. Pero ay si el único problema fuera la lluvia: todos sabemos que de los días de lluvia se pueden sacar momentos bonitos – esa declaración de amor de Mr Darcy a Elizabeth, la boda de Tim y Mary en About Time, el momento escalera de incendios de Edward ‘rescatando’ a Vivian en Pretty Woman, que no hay lluvia pero ha llovido y el efecto es el mismo – y los besos, ay los besos, los mejores besos se han dado bajo la lluvia, sino que se lo digan a Noah y Allie en El Diario de Noah, a Peter y Mary Jane en Spiderman, a Holly y Paul en Desayuno Con Diamantes o a Jo y Friedrich en Mujercitas.

Pero la lluvia no puede arreglar esas rupturas en las que hay más gente implicada, no terceras personas, más bien relaciones que no son solo de dos, que afectan a más personas, en las que hay familias enteras implicadas. Que en el fondo y pese a que no lo vieras venir era algo forzado.

Según se acerca la ruptura, porque la ves venir, quiero decir el ‘tenemos que hablar’ nunca se refiere al lugar de destino de las próximas vacaciones, dos dudas abordan tu cabeza ¿qué hago con las fotos?, y ¿seguimos siendo amigos en Facebook? Son dos dudas totalmente razonables, tienes un millón de fotos, bueno unas cuantas, con esa persona y al igual que antes te gustaba verlas ahora te causan cierto desagrado y lo mismo ocurre con sus tweets, o ahora según la RAE tuits, que siempre te resultaron un poco insoportables pero ahora son mortales.

Y es que necesitamos un manual de instrucciones para las redes sociales después de una ruptura. Sabemos que los hermanos de nuestros amigos son intocables y los ex de las amigas están prohibidos
pero, y los like en Instagram. Esa gente que tienes en familia o mejores amigos en Facebook, deberían desaparecer según se pronuncia con rever y eco ‘tenemos que hablar’, pero no deseleccionas esa opción, y no es por ti que vivirías más tranquila sin ver las actualizaciones que llenan tu tablón de corazones, arco iris y purpurina siendo en realidad rimas de canciones de verano, si no que no lo haces por todas esas otras personas a las que vuestra relación afectaba.

En Tuenti la vida es más fácil. Hace 942 días pusiste como estado El momento de cerrar Tuenti se está acercando, aún no lo has hecho porque te da pena perder las fotos de los tres primeros años de carrera y una pereza infinita ir guardando una a una las fotos; el perfil sigue estando ahí en una versión actualizada de Tuenti la cual no sabes utilizar, con personas con las que rompiste hace tiempo pero a las que no tienes que borrar porque con Tuenti también terminaste.

Frente a ese café de ruptura en un sitio que no te gusta especialmente para no marcar la cafetería de por vida tras el típico ‘vemos las cosas diferentes’ debería ir algo así como ‘ah, y voy a dejar de seguirte en Instagram, Facebook y Twitter, no es personal, simplemente que no me interesas mucho’, así la vida sería más fácil. Porque las comillas del “me gusta” en Instagram (gran paso asumir que muchos de los likes son forzados), la opción de silenciar en Facebook o la mítica mentira de ‘es una canción’ no son suficientes, esa persona sigue estando ahí y no solo ella, sus frases profundas aparentemente cargadas de sentimientos también.

Y en el fondo es verdad, no se trata de algo personal, simplemente no me interesas.



martes, 14 de octubre de 2014

Terminado en i


Ahí estaba él. Alto, moreno, con barba de varios días, camisa, zapatillas ni super limpias, ni sucias, un chico muy estilo ‘El Ganso’ y aunque tenía cierto aspecto blandito también parecía de los que te pone la mano al final de la espalda sin llegar al culo para que pases primero. Ahí estaba él hasta que dijo ‘holi’.

Con todo el respeto del mundo que una chica diga ‘holi’ ya es para desconfiar, pero que lo haga un chico es para no mirarle, borrarle del Facebook y bloquearle en Whatsapp. Se nos ha ido de las manos, el ‘holi’, ‘tonti’, ‘bobi’, ‘guapi’ está durando demasiado y tiene que terminar por el bien de todos.

Esta moda ¿por qué?, ¿hasta cuándo?, ¿dónde está el límite?, ¿vamos a seguir hasta terminar todas y cada una de las palabras en i?, ¿la gente no se cansa de forzar las palabras?, y lo peor de todo ¿por qué la o y la i están juntas en el teclado?, reniegas de todas las palabras que se empeñan en terminar en i y vas tú y escribes ‘bueni’ porque tienes los las teclas en el móvil están muy juntas.

De toda la vida ‘cari’, ‘gordi’ o ‘churri’ han sido apelativos que utilizaban las parejas en el ámbito privado, en el público las insoportables que se hablaban el uno al otro como si fueran bebes, y es ahí donde se tendrían que quedar, en lo privado no en las parejas empalagosas. Esas parejas con las que evitas quedar porque son insoportables y cuando no te queda más remedio que verlas pones tu sonrisa más falsa y te muerdes la lengua. Ya hay bastante rosa en el mundo para seguir toda la vida diciendo ‘holi’, ‘tonti’, 'bobi'.



Quizás no sea objetiva. Llevo los últimos 25 años escuchando a la gente llamarme Lauri y casi el mismo tiempo odiándolo. Según una amiga soy la última persona del mundo a la que llamaría Lauri, razón no le falta, no me veo siendo muy Lauri. No me gusta que me llamen así, aunque ya me he acostumbrado y hasta contesto cuando lo escucho; una vez incluso conteste a un mensaje que decía: 'Lauri, tonti no te enfades', pero eso fue porque me lo envió... bueno, da igual ahora, no viene al caso. 

El caso es que ha vuelto lo antiguo, vintage se llama ahora. Vuelve el aire romántico, faldas con vuelo, trenzas, cintas en el pelo, tazas de té, flores en los vestidos, flores en el pelo, flores en los bolsos, cestas llenas de flores y bicicletas, bicicletas por todas partes.

Si ya tenemos lo romántico que queda bonito por la calle, olvidémonos de lo cursi que queda feo en los mensajes. Dejemos que 'holi', 'tonti' y 'guapi' pasen a mejor vida como ya lo hizo aquel 'estoy por ti' que se repetía en cada patio de colegio.



jueves, 9 de octubre de 2014

Por julio creo que fue



-  ¿Sabes algo?
-  No.
-  ¿No?, ¿nada?, ¿no habéis hablado en todo el verano?
-  Hablamos hace tiempo, por julio creo que fue. Me llamó y       estuvimos hablando del trabajo y tal.
-  ¿Y tal?
-  Si, y tal como Luis Aragonés. No, no sé, no fue nada especial y la verdad es que me da igual.
-  ¿Seguro?
-  Sí, me he cansado de intentarlo, además para qué. A él le da igual y a mí ya me da pereza.
-  Entonces nada de nada.
-  Nada. Ni un ‘uy perdón, me he equivocado, eso no era para ti’. Y lo mejor de todo es que ni lo pienso. Que también te digo después de todos estos años ya era hora ¿no?
-  La verdad es que sí. Si tú estás segura, a mí me parece bien. Entonces, ¿no vais a volver a hablar?
-  Hombre, nunca nunca así de radical no, por lo menos por nuestros cumpleaños, Navidad y eso hablaremos, supongo, ¿no? Una relación cordial, tipo padres divorciados.
-  ¿Crees que vas a poder?
-  Sí.
-  ¿Seguro?
-  Seguro. Que sí, estoy madurando. Ahora veo las cosas de manera diferente. Creo.
-  Vale, vale.
-  ¿Qué quieres? La cosa azul de siempre.
-  Si, que no sé cómo se llama.
-  Señalamos la foto y el chico nos entiende.