Los gatos tienen 32 músculos en cada
oreja,
los elefantes son los únicos
mamíferos que no pueden saltar y un tercio del helado vendido en el mundo es de
vainilla. No he decidido presentarme a
Saber
y Ganar, pero los ascensores de mi casa tienen televisión y quieras o no de
tanto leerlo se te va quedando.
Si, si, tienen televisión, no del tipo de
las casas donde puedes ver Sálvame,
el Telediario o el Peliculón de Antena 3, es más bien
televisión tipo la del metro, con sus titulares, información del tiempo, datos
curiosos, una sección de efemérides y por supuesto hilo musical, no
puede faltar el hilo musical con esas canciones tan maravillosas, tan de
ascensor (de vez en cuando aparece la lista de reproducción, que lo mismo queremos descargarnosla para escucharla en casa, o algo).
El caso es que tenemos pantallas en los
ascensores y seguimos hablando del tiempo. Está claro que por mucho que
evolucione la raza humana siempre será superior a nosotros no tratar el tema
del tiempo.
Quiero decir, el calor, la lluvia, el
frío, son temas super emocionantes, tan emocionantes que se tratan poco en la
vida en general. Tiene una sección en el telediario, una aplicación en el móvil
donde incluso puedes poner que te diga el tiempo de Madrid y de Nueva York –no
vaya a ser que de repente decidas coger tu jet privado e ir a pasar el día a la
Gran Manzana, se ponga a llover y tu con las Hunter en casa– y es el tema por excelencia en los ascensores de un
máximo de 6 personas, pero se trata poco.
Esto solo pasa en los ascensores pequeños.
En los de dos a seis personas te ves obligado a entablar una conversación con
el señor que tienes al lado y lo mismo ni le conoces ni le vuelves a ver en tu
vida, pero hay una fuerza superior que te hace decir: ‘parece que ya vuelve el
calor’. ¿Qué más da que vuelva?, el señor no te va a comprar una sombrilla, ni
tu a él crema de factor 50 para que no se queme la calva. En los ascensores
grandes, como los de las oficinas, los centros comerciales o los del metro
nadie habla (en los del metro no es por el tamaño, sino porque siempre huele a meao, que no a pis, a meao, y la gente intenta no morir en el
eterno trayecto que hay entre el piso que separa el metro de la calle).
La finalidad de los ascensores es
llevarnos de un piso a otro no buscarle respuesta a las grandes preguntas de la
humanidad ni analizar El Quijote, bueno y en las comunidades de vecinos
preguntar quien es el presidente para poder ir a quejarte, pero ya está.
Veo mucho mejor dejar el frío, calor o la
lluvia a un lado y ceñirse a terminar de arreglarse en el espejo del ascensor
(se dice poco, pero tienen los mejores espejos del mundo), maldecir al que
antes de salir se tira un pedo, mirar mal al que tienes al lado para que se
sienta culpable e intente explicar que ha sido el que acaba de salir el del
pedo, o fantasear con que se pare el ascensor y te quedes encerrada con el
chico guapísimo que acaba de subir.
No me gustan los ascensores, pero claro,
me gustan menos las escaleras y los ocho pisos que tendría que subir y bajar
todos los días, y oye quieras que no voy aprendiendo cosas para romper los
silencios incómodos, ¿o es por todos sabido que las gotas de lluvia caen a 27
km/h?