jueves, 23 de abril de 2015

La música del ascensor


Los gatos tienen 32 músculos en cada oreja,  los elefantes son los únicos mamíferos que no pueden saltar y un tercio del helado vendido en el mundo es de vainilla. No he decidido presentarme a Saber y Ganar, pero los ascensores de mi casa tienen televisión y quieras o no de tanto leerlo se te va quedando.

Si, si, tienen televisión, no del tipo de las casas donde puedes ver Sálvame, el Telediario o el Peliculón de Antena 3, es más bien televisión tipo la del metro, con sus titulares, información del tiempo, datos curiosos, una sección de efemérides y por supuesto hilo musical, no puede faltar el hilo musical con esas canciones tan maravillosas, tan de ascensor (de vez en cuando aparece la lista de reproducción, que lo mismo queremos descargarnosla para escucharla en casa, o algo).

El caso es que tenemos pantallas en los ascensores y seguimos hablando del tiempo. Está claro que por mucho que evolucione la raza humana siempre será superior a nosotros no tratar el tema del tiempo.

Quiero decir, el calor, la lluvia, el frío, son temas super emocionantes, tan emocionantes que se tratan poco en la vida en general. Tiene una sección en el telediario, una aplicación en el móvil donde incluso puedes poner que te diga el tiempo de Madrid y de Nueva York –no vaya a ser que de repente decidas coger tu jet privado e ir a pasar el día a la Gran Manzana, se ponga a llover y tu con las Hunter en casa– y es el tema por excelencia en los ascensores de un máximo de 6 personas, pero se trata poco.

Esto solo pasa en los ascensores pequeños. En los de dos a seis personas te ves obligado a entablar una conversación con el señor que tienes al lado y lo mismo ni le conoces ni le vuelves a ver en tu vida, pero hay una fuerza superior que te hace decir: ‘parece que ya vuelve el calor’. ¿Qué más da que vuelva?, el señor no te va a comprar una sombrilla, ni tu a él crema de factor 50 para que no se queme la calva. En los ascensores grandes, como los de las oficinas, los centros comerciales o los del metro nadie habla (en los del metro no es por el tamaño, sino porque siempre huele a meao, que no a pis, a meao, y la gente intenta no morir en el eterno trayecto que hay entre el piso que separa el metro de la calle).

La finalidad de los ascensores es llevarnos de un piso a otro no buscarle respuesta a las grandes preguntas de la humanidad ni analizar El Quijote, bueno y en las comunidades de vecinos preguntar quien es el presidente para poder ir a quejarte, pero ya está.

Veo mucho mejor dejar el frío, calor o la lluvia a un lado y ceñirse a terminar de arreglarse en el espejo del ascensor (se dice poco, pero tienen los mejores espejos del mundo), maldecir al que antes de salir se tira un pedo, mirar mal al que tienes al lado para que se sienta culpable e intente explicar que ha sido el que acaba de salir el del pedo, o fantasear con que se pare el ascensor y te quedes encerrada con el chico guapísimo que acaba de subir.


No me gustan los ascensores, pero claro, me gustan menos las escaleras y los ocho pisos que tendría que subir y bajar todos los días, y oye quieras que no voy aprendiendo cosas para romper los silencios incómodos, ¿o es por todos sabido que las gotas de lluvia caen a 27 km/h?

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