Quedas para ir al cine, pero antes os pasáis por El Corte Inglés porque tu amiga quiere comprar algo; el qué no es importante, lo importante es que pasáis por uno de esos stands de maquillaje de firma. Te ofrecen probar el nuevo pintalabios (que no se llama pintalabios, pero es un pintalabios), dices que si porque oye, es gratis.
Mientras la chica te pinta los labios, te retoca el
maquillaje que llevas desde las 7 de la mañana y te da iluminador (bendito iluminador), te
suelta un discurso sobre el papel de la mujer en la sociedad actual a raíz de las diferencias en las carreras cinematográficas de Daniel Radcliffe y Emma Watson tras la saga de Harry Potter, muy
acertado pero que te hace sentir mal por haberla prejuzgado y pensado que solo
ibais a hablar de maquillaje. Termina el discurso, de retocarte el maquillaje y
eres una mujer completamente nueva.
Tu amiga y tú os miráis en el espejo, no podéis dejar de
hacerlo en realidad. Te sigues mirando, pensando que te gustas, que te queda
bien, tú que siempre habías renegado de eso de llevar los labios pintados. Te miras
en cada espejo que te encuentras por el camino y no puedes evitar pensar en lo
mucho que te pareces a tu madre, aún más con los labios granates o burdeos o
color sangre como quieran llamarlo. De sus manías has cogido nunca salir de
casa sin pendientes ni reloj y al parecer ahora también lo de llevar los labios
pintados.
Sin verlo venir vais camino del cine maquilladas casi a la
perfección y con los labios rojos y brillantes. ‘Es que hasta te brillan los
ojos’ te dice tu amiga. Os venís arriba. Camináis por la calle diferente a otras veces,
es el efecto de llevar los labios pintados. Tu amiga se los pinta a veces, de
colores suaves, esa tarde los lleva coral para hacer juego con la falda; tú nunca, y ese simple gesto de pintarse lo labios se ha
convertido en todo un acontecimiento.
Vale que en el cine no se sabe si llevas los labios
pintados o no, pero tú lo sabes y ves la película de otra manera, te ríes
diferente.
Llegas a casa aún con color en los labios, tu madre no te
ve porque es tarde y ya se ha acostado pero hay una foto que corrobora que al
menos durante una tarde llevaste los labios pintados. ‘He decidido que a partir
de ahora voy a ir por la vida con los labios pintados’ le dices a tu madre
mientras le enseñas la foto de la tarde anterior. Ella se sorprende y se ríe,
lleva muchos años diciéndotelo. ‘Como quieras hija’.

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